La gran popularidad de esta famosa novela de Lewis Carroll, en cierta medida se debió a las ilustraciones pero, sobre todo, a la desbordante y extraña imaginación del autor. Un sueño, el de Alicia, es el punto de partida del fantástico viaje al centro de la tierra al que la tierna protagonista llega persiguiendo un pequeño conejo blanco.
Ahí todo puede ocurrirle desde empequeñecerse o engrandecerse por comer una torta o beber un licor, hasta presenciar cómo el gato de Chesire aparece y desaparece a voluntad no sin antes dejar su risa suspendida en el aire. Otros acontecimientos memorables son la asistencia de la heroína al té de la liebre o la partida de croquet de la Reina de Corazones o la asistencia al proceso de una secta acusada de haber robado una pasta. Objetos, pequeños animales y seres extraños se mueven, hablan y se transforman, lo que confiere a lo cotidiano una dimensión inquietante, absurda y grotesca.









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